Análisis de Call of Duty: Black Ops Cold War

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Defended nuestro modo de vida. Proteged el mundo libre.

Call of Duty: Black Ops Cold War ofrece una de las campañas más experimentales y entretenidas de la franquicia mientras que mantiene estática su adictiva fórmula multijugador.

Vayamos por partes.

Esta entrega nos arroja a uno de los conflictos geopolíticos más delicados de la época contemporánea: la Guerra Fría. Una calculada partida de ajedrez que enfrentaba a dos bloques ideológicos completamente dispares. Un muro político que podríamos encontrar de forma literal en el cercenado Berlín y en la tensa atmósfera transnacional. El título de Treyarch se empapa sobresalientemente de esta ambientación. Es algo que va más allá de la campaña, lo encontramos en la articulación de su multijugador y en la narrativa del modo zombies.

El argumento bebe del cine bélico aparecido durante la Guerra Fría. Filmes en su mayoría propagandísticos que buscaban demonizar al enemigo y defender la austeridad del pueblo estadounidense. No lo señalo como punto negativo, ni tampoco puedo contemplarlo como un “ejercicio patriótico yanqui”. Call of Duty: Black Ops Cold War ofrece una interpretación de esta producción cinematográfica, ofreciendo un tono más desenfadado que emplea abiertamente los clichés en los que se inspira: archivos clasificados de la CIA, MK Ultra, dolorosas traiciones, amor que germina entre tiroteos y traumáticos recuerdos de Vietnam. Ya sabéis, tramas familiares aderezadas con carismáticos personajes.

Y hablando de personajes. Raven Software (compañía desarrolladora de la campaña), nos permite disfrutar de una narrativa coral que orbita en torno a una figura antagónica; siendo, en este caso: Perseus. Su influencia sobrevuela toda la narración, siendo un inteligente espía soviético que mantiene en jaque al gobierno de los Estados Unidos. ¿Nuestra misión? Dar caza a nuestra esquiva presa y defender “nuestro amado estilo de vida capitalista” (a esto me refería en el anterior párrafo). Para ello, tendremos de vuelta al agente de la CIA Alex Mason junto su fiel compañero de armas Frank Woods y su superior Jason Hudson. Junto a ellos, encontraremos interesantes adiciones, como el frío y distante Russell Adler o la agente del MI6 Helen Park. Adjunto el tráiler de lanzamiento para los más curiosos.

La saga trata de volver a sus orígenes, ya lo pudimos comprobar en Call of Duty: Modern Warfare. Quizás nos encontremos ante la crisis creativa de unos desarrolladores que tratan de ubicarse en esta convulsa industria. Es una lástima que esta ambición transformativa solo se deje ver durante su modo campaña.

Me explico. El título entiende las circunstancias de la pugna bélica que representa; ya no se desarrolla en amplios escenarios abiertos que emulan campos de batalla, sino que transcurren en microcosmos donde el juego se permite experimentar a través de diferentes mecánicas. Es cierto que, como en la mayoría de las campañas de la franquicia, se trate de una suerte de catálogo jugable: secciones de sigilo donde tendremos que esquivar pelotones de enemigos, frenéticos episodios de conducción, parapetarnos tras una cobertura para localizar a nuestro objetivo y usar nuestro rifle de francotirador para hacer caer sus sesos sobre el asfalto, etc. Sin embargo, hubo decisiones que llamaron mi atención: un enfoque más rolero.

Declaraciones polémicas para un sencillo shooter. Pero me refiero a un argumento que anima al jugador a interpretar un papel. En el prólogo podremos construir el origen de nuestro soldado: darle un nombre, especificar su origen y género, su trayectoria profesional e, incluso, designar dos habilidades pasivas a través de perks con cierta justificación narrativa. Estas habilidades ofrecerán ciertos beneficios jugables que se podrán amoldar a nuestro estilo de juego. No son en absoluto profundas y relevantes a la hora de enfrentar las contiendas, pero ayudan a elaborar esta ilusión representativa. De hecho, el juego va un poco más allá: al igual que en Call of Duty: Black Ops 2 tendremos la oportunidad de tomar decisiones que decidirán el desenlace de la trama.

A su vez, habrá niveles donde pondremos elegir si actuar sigilosamente o agujerar el uniforme de los soldados con nuestras balas. Para estas ocasiones, hubiera agradecido una mayor dedicación en la inteligencia artificial. Es increíblemente sencillo burlar a los enemigos y pasar a escasos centímetros de ellos sin ser vistos. Y, ya que estamos hablando sobre el comportamiento de estos bots armados, destacar su escasa versatilidad durante las refriegas. En muchas ocasiones salían de sus coberturas a pecho descubierto convirtiéndose en dianas con patas. Una vez decidí posicionarme enfrente a mi adversario y realizar movimientos horizontales; no solo el sujeto no abandonó su posición, sino que tampoco me impactó un solo proyectil de los varios cargadores que vació contra mi avatar. 

Algo que me sorprendió gratamente fue que disponemos de nuestro propio cuartel de operaciones. En este pequeño escenario podremos interactuar con nuestros aliados, acceder a las misiones y resolver códigos encriptados que nos darán acceso a incursiones secundarias. Estos códigos se generan de forma aleatoria, olvidaos de usar guías, solo podremos servirnos de nuestra deducción. Podremos encontrar pistas a lo largo de los niveles de la campaña que nos servirán para descifrar estos enigmas. Es curioso como un shooter de estas características me ha hecho sacar papel y lápiz para ensalzarme como desencriptador amateur. Tal y como dije, experimentación. Es algo que no me esperé encontrarme, sobre todo si tenemos en cuenta que existe una misión que absorbe la dinámica desarrollada por The Stanley Parable. Sí, muy loco, pero tendremos una situación donde quedará a nuestro juicio seguir, o no, las indicaciones del narrador.

Raven Software lleva a la franquicia a un terreno desconocido y extraño, pero ha sabido cómo utilizar el universo a su disposición para ofrecer una experiencia orgánica y fluida. El guion, pese a no ser algo sobresaliente, es entretenido gracias a la veterana mano de David S. Goyer, escritor de películas como la saga Blade, El Caballero Oscuro o El Hombre de Acero. Eso sí, para los estándares de la franquicia la duración de su modo un jugador resulta algo corto, llegando a completarse entre 5 y 6 horas.

Call of Duty: Black Ops Cold War emite una nostalgia envuelta en varias capas. Va más allá de las caras familiares y es que, durante nuestro recorrido por los escenarios, podremos encontrar máquinas arcades totalmente jugables que traen consigo títulos clásicos de Activision. La acción se detendrá unos minutos donde podremos recordar Enduro, River Raid y Fishing Derby; escena donde tanto jugador como compañía se revuelven juntos en deliciosa melancolía. 

En lo técnico no sobresale, ni es deficiente. Recordemos que estamos ante un título intergeneracional que trata de mantener el tipo en consolas de potencias diferentes. Por suerte, no estamos ante una marginación a antiguas generaciones tan fragrante como las que ocurrieron en Call of Duty: Ghost o Black Ops 3. En ese sentido, logra ocultar sus costuras la mayor parte del tiempo y sigue siendo disfrutable en PlayStation 4. La tasa de FPS es estable y no he notado caídas que deban ser destacadas en el presente análisis.

Por otro lado, debo a agradecer a Activision su misericordia con la limitada memoria de mi consola, ya que ofrece la posibilidad de descargar los modos de juego que el jugador prefiera. Si decide centrarse en el modo zombies y obviar su apartado single-player puede ahorrarse valiosos gigas de memoria interna. A día de hoy, y sin contar futuras actualizaciones ni el popular Warzone, el juego completo sobrepasa los 100GB (echa un vistazo aquí para más detalles). Puede parecer una cifra exagerada pero una vez terminada la campaña podréis borrarla del almacenamiento y ganaréis más espacio en la consola.

El multijugador no ofrece una evolución drástica con respecto a otras entregas. Se mantienen los clásicos Duelo por Equipos, Contra Todos, Buscar y Destruir, Dominio, etc. En este sentido, hubiera sido valiente ofrecer nuevas dinámicas que aprovecharan su contexto histórico y las nuevas tendencias que están emergiendo en la industria (más allá del battle royale). Disponemos de ocho mapas que nos llevarán a distintas ubicaciones a lo largo del globo donde podremos luchar en nombre de la OTAN o del Pacto de Varsovia. Desde el lobby podremos personalizar el aspecto de nuestro operador junto a su armamento. Digno de mencionar es la posibilidad de emplear, durante nuestras contiendas, un reproductor de música que contiene la notable banda sonora del videojuego. Disparar al ritmo de las épicas piezas del compositor Jack Wall asegura unos enfrentamientos gratificantes y grandiosos.

En lo que respecta al modo zombies volvemos a encontrar una táctica semejante: si la fórmula funciona, ¿para qué cambiarla? Nuestro personaje tendrá que sobrevivir a oleadas de muertos vivientes mientras ahorra los puntos suficientes para alcanzar los objetivos de la misión o esa potente escopeta que será la clave para salvar una complicada situación. Jugarlo en compañía sigue siendo lo más recomendable, asegurando horas de diversión y risas mientras dejáis un reguero de carne muerta a vuestro paso. 

Conclusiones:

Call of Duty: Black Ops Cold War entrega una campaña imaginativa y divertida, que logra mantenernos pegados a la pantalla a pesar de su corta duración. No supone ningún punto de inflexión en el resto de modos. Habrá que esperar si la compañía apuesta por algo tan trasgresor como lo fue Warzone.

Bueno

  • Algunos escenarios de la campaña son muy divertidos
  • El multijugador y el modo zombies siguen tan adictivos como siempre
  • Ligeros atisbos de creatividad por parte de Raven Software

Malo

  • Sin innovaciones notables más allá del single-player
  • Escasa duración en su narrativa
  • Ciertos personajes se sienten desaprovechados
7.7

Bueno

Jugabilidad - 9
Sonido - 7.8
Innovación - 6
Gráficos - 8
Odio todo lo que escribo. Normalmente podéis encontrarme en Rivellon o en un Taco Bell.
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